{"id":1676,"date":"2024-07-17T12:16:47","date_gmt":"2024-07-17T15:16:47","guid":{"rendered":"https:\/\/noticiassaludables.com.ar\/?p=1676"},"modified":"2024-07-17T12:16:48","modified_gmt":"2024-07-17T15:16:48","slug":"el-atlas-de-literatura-latinoamericana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticiassaludables.com.ar\/?p=1676","title":{"rendered":"El &#8220;Atlas de literatura latinoamericana&#8221;"},"content":{"rendered":"\n<p>Con dibujos de Agust\u00edn Comotto, el cuidado volumen de tapa dura re\u00fane medio centenar de art\u00edculos breves en los que una amplia selecci\u00f3n de autores contempor\u00e1neos presentan a sus referentes. Estos extractos son un ejemplo de un libro que se presenta como inestable, apasionado e intergeneracional.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunto, a veces, si la radicalidad de los textos de Silvina Ocam\u00adpo, su uso del lenguaje tan poco convencional, sus temas estrafala\u00adrios o sus frecuentes cambios de ge\u0144ero en el narrador sin dar aviso se deben a que el castellano no fue su primera lengua. Tuvo que aprenderla como una extranjera. Silvina nunca fue a la escuela por\u00ad que los Ocampo, terratenientes ricos hasta el delirio, educaron a sus cinco hijas en casa, con institutrices. Las clases se dictaban en fran\u00adc\u00e9s; las ni\u00f1as aprend\u00edan tambi\u00e9n ingl\u00e9s, italiano y castellano, pero el idioma de la tierra natal ven\u00eda \u00faltimo en la lista de prioridades. Silvina, al principio, escrib\u00eda en ingl\u00e9s, porque la gram\u00e1tica del es\u00adpa\u00f1ol le resultaba \u201cimposible\u201d. Es una iron\u00eda y es incre\u00edble que la mejor escritora argentina y una de las m\u00e1s importantes en lengua castellana aprendi\u00f3 la lengua de su escritura relativamente tarde, y con dificultad. Escribir fue, para ella, un aprendizaje en muchos sen\u00adtidos. Y us\u00f3 para ese camino las herramientas de su mundo: los ni\u00ad\u00f1os crueles, las infancias tenebrosas, los amores obsesivos, las clases populares y su forma de hablar \u2013que encontraba fascinante\u2013, los encierros en los que transcurri\u00f3 su vida, las lecturas poco conven\u00adcionales, desde Djuna Barnes hasta Baudelaire, autores que su es\u00adposo, Adolfo Bioy Casares, y su mejor amigo, Jorge Luis Borges, no registraban o, incluso, despreciaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi encuentro con sus cuentos fue temprano y oblicuo. En la bi\u00adblioteca familiar hab\u00eda algunos libros de Silvina y me llam\u00f3 la aten\u00adci\u00f3n una recopilaci\u00f3n de sus relatos porque la tapa ten\u00eda unas foto\u00adgraf\u00edas de mu\u00f1ecas o estatuas estr\u00e1bicas y siniestras. Empec\u00e9 con el cuento del t\u00edtulo y qued\u00e9 espantada: era la historia de una ni\u00f1a rica de quien abusaba uno de los empleados dom\u00e9sticos de la fa\u00admilia, pero los hechos no estaban presentados como un horror. S\u00ed, \u00e9l era poderoso y a veces tit\u00e1nico, pero la ni\u00f1a tambi\u00e9n disfrutaba y el cuento se llamaba \u201cEl pecado mortal\u201d porque esta iniciaci\u00f3n sexual perversa suced\u00eda poco antes de la primera comuni\u00f3n. Otro cuento tambi\u00e9n me dio miedo: una modista acompa\u00f1ada de una ni\u00f1a, que nunca se sabe si es su hija o es una especie de demonio ri\u00adsue\u00f1o, van una tarde de mucho calor a casa de una mujer burguesa. Le llevan un vestido de terciopelo; ella quiere prob\u00e1rselo aunque no va a usarlo pronto, por la textura de la tela. La consecuencia de su capricho es violenta, cruel y muy graciosa: el humor de Silvina Ocampo, su registro de lo rid\u00edculo de la existencia, es agudo y gro\u00adtesco. Sus cuentos no son \u201cde g\u00e9nero\u201d pero pueden reunirse bajo el enorme paraguas del&nbsp;<em>weird<\/em>, el cuento raro, casi nunca sobrenatu\u00adral pero marcado por los dedos de una bruja, peligroso y disloca\u00addo, como si transcurriera en un mundo con otras reglas. O con un idioma diferente.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/width960\/public\/2024-05\/835951-shua_0.jpg?itok=qehuqsEr\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>AUGUSTO MONTERROSO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por Ana Mar\u00eda Shua<\/p>\n\n\n\n<p>Augusto Monterroso naci\u00f3 en Honduras en 1921, vivi\u00f3 su infancia y adolescencia en Guatemala, desarroll\u00f3 su obra en M\u00e9xico. Fue un enorm\u00edsimo autor de microrrelatos, pieza esencial de un mo\u00advimiento que abarcar\u00eda todo el continente latinoamericano, desde M\u00e9xico, con Monterroso y Arreola, hasta Argentina, con Borges y Bioy Casares. En 1959 se lo comi\u00f3 un dinosaurio. Cuando despert\u00f3, el dinosaurio todav\u00eda estaba all\u00ed, pero todo el resto de su obra hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo reparar esa injusticia, colmar el hueco de esa ausencia? Quisiera transmitir a los lectores la pasi\u00f3n que me despiertan las pocas y perfectas letras de Monterroso. Qui\u00e9n sino \u00e9l podr\u00eda haber titulado su primer libro&nbsp;<em>Obras completas (y otros cuentos)<\/em>, donde public\u00f3 su famoso dinosaurio. Monterroso hace magia. En diez l\u00ed\u00adneas es capaz de angustiarnos, hacernos re\u00edr, obligarnos a reflexio\u00adnar y transmitir su ideolog\u00eda como solo pueden hacerlo los grandes escritores: con ambig\u00fcedades, contradicciones y dudas. Su breve obra es demasiado grande para encasillarse en ning\u00fan credo pol\u00ed\u00adtico. No, Monterroso no cree en nada. Ni siquiera en la brevedad extrema, y all\u00ed est\u00e1n textos como \u201cM\u00edster Taylor\u201d para demostrar que puede ser tan buen escritor en siete p\u00e1ginas como en siete pa\u00ad labras. Monterroso cree solamente en la literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si no fue el inventor de la f\u00e1bula, sin duda la reinvent\u00f3 para el siglo xx, como su tiempo la necesitaba: rara, loca, inexplicable.&nbsp;<em>La oveja negra y otras f\u00e1bulas<\/em>&nbsp;est\u00e1 all\u00ed para probarlo. Por algo titul\u00f3 su libro de entrevistas (otro g\u00e9nero que Monterroso supo convertir en literario)&nbsp;<em>Viaje al centro de la f\u00e1bula<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Garc\u00eda M\u00e1rquez habla de \u201cla belleza mort\u00edfera de la falta de se\u00adriedad\u201d en su obra. Y el mismo Monterroso afirma que \u201cel humo\u00adrismo es el realismo llevado a las \u00faltimas consecuencias\u201d. R\u00edase el lector, pero no demasiado: sepa que en mitad de una carcajada, se va a encontrar con ese fondo de sabidur\u00eda y amargura que la buena literatura no sabe c\u00f3mo evitar. Y si dudara de mis palabras, aqu\u00ed va esa fusi\u00f3n indisoluble de opuestos en la frase final de otro de sus textos famosos, \u201cLa vaca\u201d: \u201cYo acababa de ver alejarse lentamente a la orilla del camino una vaca muerta muertita sin quien la enterrara ni quien le editara sus obras completas ni quien le dijera un sentido y lloroso discurso por lo buena que hab\u00eda sido y por todos los chorritos de humeante leche con que contribuy\u00f3 a que la vida en general y el tren en par\u00adticular siguieran su marcha\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Aplausos y ovaciones.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/width960\/public\/2024-05\/835951-lev-0.jpg?itok=niB7UHG6\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>MARIO LEVRERO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por Fernanda Tr\u00edas<\/p>\n\n\n\n<p>Todo empez\u00f3 y termin\u00f3 por el coraz\u00f3n. A los tres a\u00f1os le diagnos\u00adticaron un soplo card\u00edaco que lo confin\u00f3 a la quietud y tal vez lo convirti\u00f3 en escritor, uno de los m\u00e1s exc\u00e9ntricos y personales de la tradici\u00f3n uruguaya. O al menos as\u00ed fue en su mito personal. Porque, en esos a\u00f1os de inmovilidad, el ni\u00f1o Jorge Varlotta desarroll\u00f3 el amor por la lectura y se entreg\u00f3 a la fantas\u00eda y a los sue\u00f1os.&nbsp;<em>La ciudad<\/em>&nbsp;fue lo primero que le\u00ed de \u00e9l, una novela claustrof\u00f3bica y laber\u00edntica, de corte kafkiano, que encontr\u00e9 en la biblioteca de mi padre. Des\u00adpu\u00e9s supe que la escribi\u00f3 a los veintis\u00e9is a\u00f1os, cuando en medio de una crisis existencial dej\u00f3 su librer\u00eda de viejo y se fue a Piri\u00e1po\u00adlis, un peque\u00f1o y desolado balneario de la costa. Volvi\u00f3 a Monte\u00advideo ya convertido en Mario Levrero, el escritor, y ese mismo a\u00f1o tambi\u00e9n escribi\u00f3 el maravilloso libro de relatos&nbsp;<em>La m\u00e1quina de pensar en Gladys<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n era Mario Levrero? El escritor de culto, el fan\u00e1tico de los g\u00e9neros menores, el ermita\u00f1o, el prol\u00edfico, el maestro de tantos, el raro, el f\u00f3bico, el lector generoso, la figura m\u00edtica, el fen\u00f3meno literario. Mario Levrero fue muchos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de Levrero es hablar de una imaginaci\u00f3n desbordada. En sus libros hay estructuras arquitect\u00f3nicas hechas de telara\u00f1a y una gelatina gigante que ha desplazado a los habitantes de la ciudad, hay una banda de delincuentes que se esconde bajo un mu\u00f1eco articu\u00adlado con la forma de un ciempi\u00e9s, un ca\u00f1o por el que salen hombre\u00adcitos en miniatura, y un oso amaestrado disfrazado de conejo. As\u00ed dicho, podr\u00edamos pensar que se trata de cuentos fant\u00e1sticos. \u00bfO no? Mario Levrero dir\u00eda que no, dir\u00eda que son cuentos realistas, excep\u00adto que se trata de la realidad como \u00e9l la entiende, una realidad que ha pasado por el tamiz de su percepci\u00f3n. Porque Levrero ten\u00eda un concepto de la realidad bastante amplio, que inclu\u00eda los fen\u00f3menos paranormales y el mundo de los sue\u00f1os. Cuando todo el mundo dec\u00eda \u201cfue nada m\u00e1s que un sue\u00f1o\u201d, \u00e9l sab\u00eda responder \u201cfue nada menos que un sue\u00f1o\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Amante de las novelas policiales, de Gardel y de Kafka, vivi\u00f3 en Buenos Aires, donde se dedic\u00f3 a hacer crucigramas, luego en Co\u00adlonia, donde comenz\u00f3 los talleres literarios que marcar\u00edan a una generaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta el final, Levrero fue un lector del disfrute y un escritor de la espontaneidad. Ten\u00eda aversi\u00f3n a la correcci\u00f3n pol\u00edtica y a la aca\u00addemia, y por eso se defin\u00eda a s\u00ed mismo como un escritor aficionado, por contraste con los escritores profesionales que deb\u00edan cumplir con expectativas de producci\u00f3n. Rechazaba la exposici\u00f3n p\u00fablica y sus libros solo se leyeron masivamente cuando ya no estaba en este mundo. Para \u00e9l, escribir ten\u00eda que ver con el ocio y con el incons\u00adciente. Con la espera. Hab\u00eda que escuchar atentamente, partir de im\u00e1genes que se convirtieran en obsesiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Su obra tuvo dos l\u00edneas: la extra\u00f1a y on\u00edrica, donde se encuentra la&nbsp;<em>Trilog\u00eda involuntaria<\/em>&nbsp;y un grueso volumen de cuentos, y la cada vez m\u00e1s ensimismada e intimista, como&nbsp;<em>El discurso vac\u00edo<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>La novela luminosa<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco las fobias al exterior lo fueron acorralando y fue vol\u00adviendo a la quietud del principio. En 2004, so\u00f1\u00f3 su propia muerte.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/width960\/public\/2024-05\/835951-gui_0.jpg?itok=lWb1AYX0\" alt=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>JOAO GUIMARAES ROSA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Por Juan C\u00e1rdenas<\/p>\n\n\n\n<p>En una entrevista con la televisi\u00f3n alemana en 1962, el periodista y cr\u00edtico literario Walter H\u00f6llerer le pregunta a Jo\u00e3o Guimar\u00e3es Rosa por el misterio ex\u00f3tico de su apellido, impronunciable en Alemania, seg\u00fan el entrevistador. Una suave sonrisa juguetea en los labios del genial escritor brasile\u00f1o, quien procede a explicar el origen de su apellido. \u201cEs interesante\u201d, dice, \u201cporque mi nombre deriva de un parentesco alem\u00e1n, viene de los suevos, que partieron de aqu\u00ed y fundaron un reino en el norte de Portugal y Guimar\u00e3es es el nom\u00adbre de la capital\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo entender que en esta peque\u00f1a an\u00e9cdota se juegan muchas de las claves del monstruoso proyecto literario de Guimar\u00e3es Rosa: el desplazamiento de los pueblos, las fundaciones, la \u00e9pica olvidada, las palabras impronunciables que se vuelven familiares en un s\u00fabito deslizamiento, la memoria exhumada, las metamorfosis y la anag\u00adn\u00f3risis.<\/p>\n\n\n\n<p>En ning\u00fan caso deber\u00eda entenderse esta declaraci\u00f3n como un intento de reclamar una cierta pertenencia europea, un prestigio metropolitano. Al rev\u00e9s, en la entrevista es el europeo quien se des\u00adcubre repentinamente convertido en&nbsp;<em>sudaca<\/em>. Es H\u00f6llerer, el alem\u00e1n, quien asiste at\u00f3nito a una voltereta cultural: su rutinario ejercicio de exotizaci\u00f3n deviene un enfrentamiento con su propia oscuridad geneal\u00f3gica y el encargado de sujetar el espejo para que mire su nuevo rostro b\u00e1rbaro es este se\u00f1or brasile\u00f1o de aspecto bonach\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En la misma entrevista, Guimar\u00e3es Rosa radicaliza la voltereta al afirmar que su descomunal novela,&nbsp;<em>Gran Sert\u00f3n: Veredas<\/em>&nbsp;(1956), es un \u201cFausto sertanejo\u201d, un Fausto de las planicies de Minas Gerais y los estados colindantes de Goi\u00e1s y Bah\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Este detalle apunta a otro hecho fundamental y es que para el au\u00adtor mineiro la cultura universal de los pueblos no se organiza de ma\u00adnera jer\u00e1rquica, de acuerdo a coyunturas geopol\u00edticas de actualidad. Su proyecto narrativo se instala justamente en el entendido de que el modernismo de las t\u00e9cnicas literarias, el mon\u00f3logo interior de un&nbsp;<em>jagun\u00e7o<\/em>, por ejemplo, constituye en s\u00ed mismo una crisis de la tem\u00adporalidad cuyo escenario es el lenguaje. As\u00ed, en su elaborad\u00edsimo idioma, tanto en su obra m\u00e1s conocida, el&nbsp;<em>Gran Sert\u00f3n<\/em>, como en sus relatos, confluyen referencias grecolatinas, vocablos provenientes del tup\u00ed\u00adguaran\u00ed, arca\u00edsmos lusitanos o pr\u00e9stamos de lenguas africa\u00adnas. Lo que alcanza para ofrecer un atisbo de esa simultaneidad de tiempos: ni diacron\u00eda ni sincron\u00eda. La lengua de Guimar\u00e3es descri\u00adbe un estado de anacron\u00eda, donde, en efecto, Fausto puede ser un guerrero paramilitar del siglo xix al servicio de los caudillos feuda\u00adles del&nbsp;<em>sert\u00f3n<\/em>. El tiempo de Guimar\u00e3es est\u00e1 fuera de quicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta noci\u00f3n compleja de la historia y de las operaciones que la literatura ejerce sobre la lengua de una \u00e9poca, creo yo, aleja por completo a este formidable escritor de la mayor\u00eda de sus colegas del&nbsp;<em>boom<\/em>&nbsp;latinoamericano, deudores de la escatolog\u00eda de Faulkner. En ese sentido, autores como Garc\u00eda M\u00e1rquez, Donoso, Fuentes o Var\u00adgas Llosa ven la historia como una fatalidad derivada de los oscuros atavismos familiares (y por tanto conciben el proyecto de la rep\u00fa\u00adblica como un fracaso anticipado y hasta necesario). Guimar\u00e3es, con su capacidad para revelar las simultaneidades, pero tambi\u00e9n los hiatos, lo discontinuo, lo singular, la canoa fantasmal e inm\u00f3vil en medio del r\u00edo que no deja de correr, pulveriza cualquier escatolog\u00eda un\u00edvoca y sit\u00faa sus historias mucho m\u00e1s all\u00e1 de ese fatalismo con\u00adg\u00e9nito que, todav\u00eda hoy, es la marca de f\u00e1brica que garantiza el \u00e9xito de la novela latinoamericana en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus novelas, cuentos, poemas y textos period\u00edsticos son, sin duda, uno de los grandes tesoros de la cultura latinoamericana de todos los tiempos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/images.pagina12.com.ar\/styles\/width960\/public\/2024-05\/835951-tapaa_0.jpg?itok=llkbWo7v\" alt=\"\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con dibujos de Agust\u00edn Comotto, el cuidado volumen de tapa dura re\u00fane medio centenar de art\u00edculos breves en los que una amplia selecci\u00f3n de autores contempor\u00e1neos presentan a sus referentes. 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